Sacerdotes con sotana, coloridos guardias suizos,
insistentes propietarios de tiendas de recuerdos,
grupos de turistas siguiendo a su guía y peregrinos de
todo el mundo: así es Borgo, el barrio más reconocible
de Roma, que hace las veces de antesala de la Ciudad
del Vaticano. Aparte de las tiendas de recuerdos y
unos pocos sitios para comer, los únicos negocios que
se desarrollan aquí son papales. Por el día, este
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diminuto sector medieval bulle con la actividad
turística. Los visitantes se apiñan o guardan colas
para hacer una visita y cuando el sol se pone, el
pintoresco barrio se sume en la quietud.
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