Hemos observado que está utilizando un navegador no compatible. Es posible que el sitio Web de TripAdvisor no se visualice correctamente.Los siguientes navegadores son compatibles con nuestro sitio:
Windows: Internet Explorer, Mozilla Firefox, Google Chrome. Mac: Safari.

Cuba encantadora - Diario de Viaje

Sevilla, España
2 publicaciones
Guardar tema
Cuba encantadora - Diario de Viaje

Hola, soy Jacques Leveu. Y hace apenas unos días realicé un viaje a la Isla de Cuba acompañado de mi familia, es decir, de mi esposa y mis dos hijas. Las experiencias allí vividas no decepcionaron las altas expectativas que teníamos antes de partir. Luego de haber leído tanto de la Isla en sitios digitales y folletos turísticos de algunas agencias de viaje, no podíamos esperar menos.

Fueron estas lecturas las que, de hecho, nos instaron a planear con tiempo nuestra estancia. Y a asegurarnos con anterioridad de reservar casas de renta y transporte para varios sitios de interés en Cuba; todo en un único paquete de viaje. En esta labor me sirvieron de mucho, enlaces como este (www.casas-cuba.org), perteneciente a una agencia cubana privada, de viajes turísticos, con información precisa y veraz (según pudimos constatar luego) de cada lugar, los alojamientos, los posibles recorridos, los restaurantes. Todo.

Fue nuestra visita, en resumen, inolvidable; lo cual me ha llevado ahora a sentir una nostalgia inenarrable por los tantos recuerdos que de allí traje. Y creo no estaría de más compartir algunos con ustedes, en especial aquellos que quedaron atrapados en las páginas de mi diario.

Viernes

¡Hemos llegado a La Habana después de un viaje agotador! A miles de pies de altura vi desaparecer el mar; ese que tanto vimos, invariablemente, mi familia y yo, durante buena parte del trayecto.

Era de noche. El clima fresco. Y ya nos esperaba en el aeropuerto un auto clásico que habíamos rentado a través de Internet, junto a todo un paquete de viajes y hospedajes por la Isla.

Luego de cargar las maletas el chofer ha replegado el techo del carro. Le he dicho que un poco de aire nocturno nos vendría bien para comenzar a aclimatarnos a Cuba. Sospecho que la ruta es larga desde allí a la casa de renta. Él me lo ha confirmado tras haberle tendido un papel con la dirección.

A nuestro paso vemos de todo: casas, tiendas, edificios, barberías, restaurantes, cafeterías, casas, parques, puentes. Gente. Es esta una ciudad muy hermosa. Incluso de noche, como descubrimos minutos antes en el avión, al ver la pista del aeropuerto entre un mar de luces blancas y amarillas.

La hilera de edificaciones es larga y está tan perfectamente alineada a ambos lados, que al parecer son ellas quienes se mueven en lugar del carro. De pronto, tras quince minutos de travesía, la avenida ha comenzado a ensancharse. Y los edificios a crecer. “Ahora verán a su izquierda la Plaza de la Revolución”, dice el chofer mientras nos señala una torre blanca, de mármol, con forma de estrella que apunta hacia el cielo. Miramos.

Al frente lo que más nos ha cautivado es la imagen gigante de un rostro, bordeado en metal y con una luz amarilla de fondo. Se trata de una figura imponente. Miren al Che, le digo a mis niñas, y rememoro en voz alta la primera vez que vi su foto en el pullover de un amigo, siendo universitario. (De aquellos años, también recuerdo haber hecho, mordido por la curiosidad, alguna que otra lectura sobre su historia).

Por fin llegamos. Aduce el chofer, en un francés maltratado, que la casa está en un municipio nombrado Centro Habana, muy cerca del centro histórico de la ciudad. Nos ayuda con el equipaje. Es muy atento. No para de hablarnos. Y he decidido dejarle, además del pago, una propina generosa.

La casa es idéntica a las fotografías que vimos antes de reservarla. Nos parece, por su espacio, limpieza y gusto estético en la decoración, un lugar adorable. Nuestro hospedero también. Nos ha explicado todo con lujo de detalles. Y hasta nos ha sugerido sitios para visitar en La Habana y dónde conseguir un guía turístico.

Nos ha hablado de precios. Del sentido del humor cubano. De restaurantes y bares. Tragos y platos. De que es aconsejable llegar a esta Isla con euros en efectivo, y no en dólares, debido a una desventaja en la tasa de cambio respecto a la moneda local. Nos ha hablado incluso de dos monedas, del calor, de los taxis.

Una vez agotados los temas, y ya solos en la casa, desempacamos lo necesario y tomamos baños de a uno, para poder descansar. Mañana tenemos planeado salir a recorrer la ciudad e ir en la noche al Gran Teatro de La Habana; esto último, gracias a las cuatro reservaciones que nos ha obsequiado el casero, para una función de ballet.

  

Sábado

Hemos reservado el día para recorrer el centro histórico de la ciudad y conocer un poco sobre la vida de sus habitantes. Las guías e informaciones turísticas leídas antes del viaje, han coincidido sobre el atractivo de ese destino y la diversidad de opciones culturales, restaurantes y otros sitios de interés en la zona.

Poco después del desayuno salimos y en un puesto local de artesanía compramos cuatro sombreros para huirle a los efectos del sol. Contratamos los servicios de un guía e iniciamos por el Capitolio que –nos explica– fue inaugurado en 1929 con un costo superior a los 15 millones de dólares; cifra que se corresponde también con su suntuosidad.

Lo que más nos ha llamado la atención es la exquisitez ornamental de sus pisos, columnas y puertas, hechos de mármol, bronce y madera; además de la cúpula, elemento que visto desde abajo gracias a su acabado crea una ilusión óptica de movimiento. Asimismo nos ha cautivado el estilo arquitectónico del lugar, muy similar en sus columnas y en la cúpula a algunas de las edificaciones del neoclasicismo francés.

Luego transitamos por una calle estrecha y muy concurrida en dirección a la bahía. Se llama Obispo, ha señalado el guía. A ambos lados aparecen tiendas, bares, casas, un hotel. El bullicio de la gente se mezcla con el sonido de la música tradicional cubana y de vez en cuando aparece un puesto de artesanía local. O una mujer vestida de blanco, con ropa de época y un gran habano entre los labios.

Abandonamos Obispo para visitar la Catedral de La Habana. Majestuosa: parece pequeña pero es amplia en su interior. Es curioso cómo adentro se respira un silencio casi absoluto, en contraste con el exterior, donde el transitar de personas (turistas en su mayoría) no parece cesar nunca. Ni siquiera de noche.

Otro sitio en el itinerario es la Plaza de Armas. Según el guía allí se ubicaron algunos de los emplazamientos militares y gubernamentales más importantes de la etapa colonial. De entonces solo quedan las edificaciones, bien conservadas; entre ellas El Templete –acota–, el sitio fundacional de la villa marcado por un árbol mítico de tronco frondoso y gris.

Seguimos y alrededor del mediodía atravesamos una plaza invadida por palomas. Hay un coche colonial también, muchas personas, una fuente y una iglesia que le da nombre a la plaza (San Francisco de Asís según nos precisara el guía). Y allí también, justo a la entrada de la iglesia, descubrimos la estatua de un anciano barbudo. Dice el guía que se trata de un personaje popular en la urbe del siglo pasado, un tal Caballero de París. Y me ha parecido extraño porque no tiene aspecto de parisino.

Luego de almorzar en las cercanías de la plaza terminamos el recorrido en otra: la Plaza Vieja. Alertadas por el guía, mis niñas han querido subir al mirador que allí se encuentra. Le dicen la Cámara Oscura y comprendo por qué; en medio de una sala en penumbras, en lo que me ha parecido una tela, se puede observar la ciudad gracias a un telescopio situado en lo alto del edificio. La vista citadina es asombrosa.

Aunque más cautivante resulta observar un atardecer en el puerto de La Habana. Allí, sentados los cuatros en el muro, divisamos las fortalezas que aún custodian la entrada a la bahía, mientras los rayos del sol nos tiñen los pies de una débil tonalidad amarillenta.

Ya de noche, y casualmente a un lado del Capitolio, nos ha sorprendido otra imagen de incalculable belleza: el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso y el resplandor de las luces que adornan su fachada. Adentro todo destila elegancia: el decorado de las paredes, el brillo y acabado de los ornamentos en el techo. Las vestimentas del público asistente. Y por supuesto, nos ha gustado la función, aunque de esto casi no nos quedaron dudas después de escuchar el nombre de Alicia Alonso. De ella, y de sus virtudes como bailarina y coreógrafa, ya había escuchado antes, allá en Francia.

 

Domingo

Temprano en la mañana (con una puntualidad asombrosa) pasó a recogernos el carro para ir a Viñales, una localidad que entre mogotes y valles se ha convertido en referencia turística del occidente cubano. Llegamos en poco más de dos horas, luego de casi 180 Km por carretera. Aquí se respira un aire limpio, único, marcado por la exuberante belleza de los paisajes y el carácter amable y servicial de su gente. ¡En verdad, una excelente opción de turismo verde!

La casa de renta que escogimos es ideal: espaciosa, pulcra, confortable y con una bella vista de la campiña. Nuestros hospederos nos esperaban ansiosos e incluso tenían para nosotros un recorrido preparado. Así pues, no hubo tiempo para descansar: comenzamos por el pueblo con una visita a los cultivos de tabaco que allí y en otras localidades vecinas tienen tanta reputación.

Luego fuimos a un sitio que los pobladores nombran el Mural de la Prehistoria, donde llama la atención una montaña repleta de figuras, animales e indígenas pintados directamente en la roca. Una obra formidable por su complejidad y la armoniosa combinación de tonos verdes, azules, rojos y amarillos. Escoltado al fondo por una cima repleta de árboles y alguna que otra ave.

Llegada la tarde montamos en un jeep y tomamos carretera en dirección a otro lugar impresionante. Una caverna por la cual corre un río subterráneo. La llaman La Cueva del Indio y es muy bella en su interior, aunque el hecho de navegar por ella, y la aparente profundidad del río dado el color de las aguas, haya asustado un poco a las niñas.

Para la noche nuestros hospederos (un hombre joven y una mujer sesentona) nos habían organizado una cena familiar ligera, con alimentos típicos de Cuba y ese sabor peculiar suyo, que hemos comenzado a disfrutar. Poco después de salir las estrellas, La menor de las niñas se quedó dormida en los brazos de mi esposa.

 

Lunes

 

Hoy partimos hacia Cienfuegos en otra de las excursiones programadas a través de la agencia de viajes. El taxista, puntual, se situó frente a la casa y nos ayudó con las maletas. Preguntándole sobre nuestro próximo destino, le escuchamos decir que allí nació uno de los mejores cantantes de la música cubana (un tal Benny Moré) y que se trataba de una ciudad costera atrayente. Esto último nos pareció suficiente para apurar la partida, pues, a estas alturas, presiento que las niñas, nacidas en Cannes como yo, extrañan de a poco un refrescante momento de calma entre la sonoridad y la brisa proveniente del mar.

Al llegar paramos en el prado cienfueguero para tomarnos una foto con la estatua de Benny Moré: un hombre de época, vestido de traje y sombrero. Después deberé indagar más al respecto, pero el taxista nos ha dicho que se trata de una parada obligatoria en la ciudad. Incluso ha llegado a ponernos en el carro algunas obras de este Benny. Y aunque francamente casi no entiendo las letras, debo reconocer que sus canciones son pegajosas, mucho más cuando se les escucha en comunión con el sonido y el azul de las aguas en la bahía cienfueguera. Allí, al parecer, la gente tiene a bien pasar las horas, sentada en un muro inmenso similar al existente en La Habana.

Arribamos a la casa de renta casi al término de la mañana. Las habitaciones son confortables y amplias. Es curioso pero en nuestros afanes turísticos preferimos la calma y la calidez de los hospedajes privados: los hoteles nos parecen caros y en ellos el contacto con los cubanos no es igual.

Una vez acomodados salimos con nuestro anfitrión a un parque cercano. En sus alrededores vemos una iglesia y un teatro que llaman Terry. Nos han dejado entrar para una visita guiada. Esta es una construcción colonial marcada por su simpleza y el refinamiento estético de su estructura, en la cual todavía predominan –supongo– maderas de diversos tipos.

En algún instante de la tarde recalamos en el jardín botánico de la ciudad. Allí las vistas son excelentes para quien gusta de la fotografía. La mayor de las niñas tomó la cámara y fue de un sitio a otro, casi corriendo, poseída, mientras nosotros descansábamos a la sombra.

El recorrido lo terminamos en el Muelle Real, poco antes del atardecer. Allí la puesta de sol puede convertirse en una experiencia única cuando las aguas adquieren una tonalidad áurea que se diluye en el horizonte. Mi esposa y yo buscamos asiento en un bar situado a la entrada del muelle, mientras vemos corretear a las niñas. Pido dos daiquirís. Para la cena visitamos un restaurante cercano al boulevard cienfueguero.

Martes

Vamos camino a Trinidad, en carro desde temprano, deleitándonos con el verdor a ambos lados de la carretera. Las niñas van con sus tabletas, mi esposa leyendo y yo dándole forma a estas líneas.

El viaje ha sido relativamente corto. Es esta una ciudad pequeña. Maravillosa.

Creo que de Trinidad lo primero que asombra es esa mezcla histórica de arquitectura y colorido. Algunas de sus calles son estrechas. Hemos llegado para acomodarnos en una casa y recorrer la ciudad. Pero antes el taxista nos ha ofrecido visitar un tal Valle de los Ingenios, situado a 15 Km de aquí. Aceptamos el recorrido de inmediato.

El Valle de los Ingenios ofrece una vista panorámica ejemplar del campo cubano. Una verdadera postal, entre el verdor de los árboles y los tonos rojizos de los tejados en las casas de época.

Nos dirigimos hacia un campanario viejo para observarlo todo con más calma, pero antes debemos sortear una calle invadida por vendedores de artesanías, tejidos locales y flores, motivos religiosos.

Desde lo alto la belleza te sorprende. Siento la brisa en la cara, mientras veo a mi esposa con las niñas, señalándoles las casas que en su momento alojaron a las familias azucareras de la zona.

Hay un guía de la zona que nos ha comentado algunos datos interesantes: según él, hace más de dos siglos estos ingenios eran altamente productivos, gracias a la esclavitud y el precio del azúcar en el mercado mundial. Producto que en su mayor parte era transportado a través de una amplia red de ferrocarriles en la Isla, antes de ser exportado o consumido.

Nos mostró incluso un tren de la época, humeante y con pocos vagones en una estación de madera cuyo nombre no entiendo pero logro anotar (Guachinango).

De regreso a Trinidad, decidimos descansar un poco. En la casa, además de la limpieza se respira calma. Al atardecer caminamos hacia una plaza. La foto de mi hija a la Iglesia de la Santísima Trinidad me deslumbra, casi al igual que la construcción en sí. Vemos a la gente caminar en distintas direcciones y a otros con sus teléfonos sentados por todas partes.

Luego de cenar regresamos otra vez a la zona de la plaza, exactamente a la Casa de la Música, para darle placer a nuestros oídos. No hay dudas de que la música cubana es contagiosa aunque no logremos entender qué cantan.

 

Miércoles

Nuestro próximo destino es Varadero. Salimos poco después de las 8 de la mañana. Noto a las niñas ansiosas por llegar y bañarse en la playa. En cambio, el cansancio ha hecho mella en mi esposa y yo: luego de tres jornadas intensas necesitamos descansar.

Nos alojamos en una casa de renta paradisíaca que desde el primer momento nos llamó la atención; sobre todo por su precio, inferior a los 45 euros por noche y su cercanía a la playa. También por su patio interior, cómodamente amueblado y con una terraza techada, desde la cual puede escucharse el sonido de las olas al romper en la orilla.

Más tarde se hizo inminente una caminata por la playa, algo que las niñas aprovecharon para zambullirse en más de una ocasión. Aquí la arena tiene una textura impresionante y una exquisita tonalidad blanca. Y las aguas cristalinas, al morir las olas, dejan una leve estela de espuma que incluso por su color llega a confundirse con la arena. Hay palmeras y hoteles por todo el litoral. Y sol fuerte.

No recuerdo cómo ni cuándo lograron convencerme, pero instado por las niñas acepté abordar un pequeño yate para una excursión a un cayo cercano. Zarpamos desde la costa sur en dirección al canal de la península. Dicho cayo está a 15 minutos de travesía y se identifica por un faro pintado de rojo y blanco.

Es curioso pero su forma y color me han recordado al norteño faro francés de Saint-Mathieu. Quizás sea la nostalgia. Me percato también de esto a la hora de la cena, en uno de los restaurantes de Varadero: ordenamos ternera, vegetales, queso mimolette y un buen tinto Château Latour que de casualidad (la verdad no lo sé) he encontrado en una de las cartas.

 

Jueves

Segundo día en Varadero. Hoy nuestro itinerario se compone de tres sitios: además de la playa, planeamos visitar el Parque Josone y una mansión ubicada en el primer tramo de la península. Según la guía turística que he comprado en una de las tiendas, en ambos lugares se come bien y puede pasarse un rato agradable.

Es la naturaleza el mayor atractivo del parque Josone. El modo en que combinan a la vista las tonalidades verdes del césped, las palmeras y el lago que allí se encuentra. Una mixtura intensificada también por los rayos del sol y en ocasiones rota por el blanco plumaje de un ave marina.

También es evidente el contraste de este lugar con el entorno playero de la zona norte. En el parque predominan la vegetación y la sombra, idóneas para escapar de las calurosas temperaturas. Y pueden visitarse varios bares y restaurantes en perfecta simbiosis con el entorno, como aquel donde decidimos almorzar llegado el mediodía, con su terraza enclavada sobre una de las orillas del lago.

Después, recalamos en la playa por algunas horas y regresamos a la casa para tomar un baño y vestirnos. Nuestra próxima parada fue la mansión Xanadú, o Dupont, como también se le conoce en honor a su antiguo propietario. Se trata de una casa imponente flanqueada por dos torres pequeñas, con techo, balcones, barandas y puertas de maderas preciosas. Su dueño (recuerdo haber leído) fue un millonario estadounidense del siglo XIX que la concibió como casa de descanso.

Hoy convertida en hotel, la mansión tiene un restaurante en una terraza con vista al mar. Desde allí se escucha a las olas romper, furiosas, contra las rocas del minúsculo acantilado sobre el que se halla ubicada.

Pedimos algo de beber y esperamos la puesta del sol. A la salida nos llevamos una fotografía estupenda de la entrada: con el reflejo de las luces sobre las paredes blancas de esa construcción de lujo.

 

Viernes

De regreso a La Habana aún nos quedan ánimos para planear alguna que otra salida. Ha sido una semana intensa, en la cual hemos recorrido buena parte del occidente y centro de la Isla.

Volvimos a alojarnos en la misma casa de Centro Habana. Otra vez, el casero ha comenzado a hablarnos de todo. Y a preguntarnos sobre nuestro trayecto por la Isla. Tanta insistencia no nos ha incomodado en lo absoluto: hemos comenzado a admirar de los cubanos su enorme capacidad de socialización y el buen humor que los acompaña siempre.

Percibo incluso que hemos llegado a admirar a nuestro casero no solo por su amabilidad, sino fundamentalmente por cómo toma en serio su trabajo. De vuelta la casa sigue igual de limpia y acogedora como al principio. La nevera bien surtida. Y nuestro hospedero, dispuesto a servirnos de manera incondicional en cuanta cosa necesitemos.

De tanta admiración sentida hemos decidido invitarlo a cenar con nosotros, en un restaurante muy peculiar que él mismo nos sugiriera al inicio del viaje. Se llama La Bodeguita del Medio y es una casita pequeña con varias mesas y las paredes escritas.

Esto último me parece curioso, dice el dependiente que es costumbre de los visitantes plasmar allí sus nombres y lo que sienten. Como también lo es beber un trago típico denominado mojito. Ordeno tres y dos jugos para las niñas. Luego otra ronda de todo, junto con el postre.

A la salida las niñas han insistido en firmar las paredes. EL dependiente les ha ofrecido un rotulador negro. Y tras ellas se han animado a firmar mi esposa e invitado. Yo me sumo también con una frase corta: Regreso otra vez, Cuba… Jacques Leveu y familia.

7 respuestas a este tema
La Habana, Cuba
Apasionado
de Cuba
Colaborador de nivel
2.730 publicaciones
7 opiniones
Guardar respuesta
1. Re: Cuba encantadora - Diario de Viaje

Muchas gracias por compartir la experiencia. Es grato conocer que se sintió tan bien en nuestro país.

Córdoba, Argentina
Apasionado
de Cuba, Cayo Largo, La Habana, Cayo Santa María, Cayo Guillermo, Cayo Coco, Cayo Ensenachos, Varadero
Colaborador de nivel
6.476 publicaciones
149 opiniones
Guardar respuesta
2. Re: Cuba encantadora - Diario de Viaje

Hola Lino, me sumo a las felecitaciones de Angel, muy hermoso tu relato, me alegro mucho que la paste tan bien, gracias por compartir tu diario con nosotros. saluditos!

Santiago, Chile
Apasionado
de Chile, Santiago, Punta Cana
Colaborador de nivel
18.217 publicaciones
292 opiniones
Guardar respuesta
3. Re: Cuba encantadora - Diario de Viaje

Hola Lino, que hermoso relato! Hasta llegue a sentir lo que tan bien has escrito. Solo falta que pudieran colgarse las fotografias.

Saludos!

4. Re: Cuba encantadora - Diario de Viaje

-:- Mensaje del personal de TripAdvisor -:-

El personal de TripAdvisor ha eliminado este mensaje por no cumplir con las directrices de publicación de mensajes en los foros de TripAdvisor en lo referente a la prohibición de material promocional y de ventas.

Les pedimos a todos nuestros usuarios que no incluyan material publicitario o solicitudes de venta de cualquier tipo en sus mensajes en los foros. Aquellos usuarios que estén afiliados a una empresa relacionada con el turismo no podrán incluir los datos de contacto de su empresa ni su dirección en la Web en sus mensajes en los foros.

Para ver las directrices de publicación en los foros de TripAdvisor, por favor vaya al enlace siguiente: http://www.tripadvisor.es/pages/forums_posting_guidelines.html

Las publicaciones que no siguen nuestras directrices son eliminadas, y nos reservamos el derecho a hacerlo cuando lo consideremos oportuno.

Eliminada el: 10 abril 2018, 15:39
 
1 publicación
Guardar respuesta
5. Re: Cuba encantadora - Diario de Viaje

Hola, quisiera saber cuánto te salió el taxi desde La HAbana hasta Trinidad y si te acordás del nombre de la casa donde se hospedaron tanto en Trinidad como en Varadero.

Muchas gracias!!!

Diego

Sevilla, España
2 publicaciones
Guardar respuesta
6. Re: Cuba encantadora - Diario de Viaje

el taxi Habana Trinidad 30 Cuc a persona la casa en la Habana se llamava casa Aida y en Varadero el proprietario se llama Oscar

Buenos Aires...
Colaborador de nivel
30 publicaciones
246 opiniones
Guardar respuesta
7. Re: Cuba encantadora - Diario de Viaje

Muy bien escrito, buena información ... muchas gracias

Respuesta para: Cuba encantadora - Diario de Viaje
Recibe un aviso por e-mail cuando se publique una respuesta