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Relato de mi viaje a Cinqueterre en el verano de 2017

En verano del 2017 fuimos a visitar Cinqueterre. Nuestro viaje a Europa empezaba en estas tierras, que no conocíamos, y se nos iba a complicar un poco a pesar de haber leído, consultado páginas, investigado, pero siempre pasan imprevistos.

El primero fue con el avión. Compramos el pasaje en avión desde Buenos Aires hasta Roma por Air Portugal, a buen precio, en una de las escalas en Río de Janeiro, se produjo una demora de una hora que hizo que no llegáramos a tiempo a nuestra conexión a Roma, con lo cual tuvimos que tomar el vuelo siguiente que salía como 5 horas después. Llegamos a Roma y tomamos el tren que salía a eso de las 12 de la noche y llegamos a Monterosso al Mare a las 5 de la mañana, previa escala con cambio de tren en La Spezia.

Viajamos en tren con camarote, con nosotros en una litera viajaba Sergio, un italiano de lo más locuaz que nos hizo el viaje muy agradable después de tantas peripecias. Llegamos a la estación de tren y estábamos nosotros solos, en la estación y en todo el pueblo, no había nadie, solo unos perros y unos gatos nos servían de compañía y no íbamos a molestar a esa hora, si bien la dueña del departamento que alquilamos ya estaba avisada que íbamos a llegar a esa hora. Asi estuvimos casi una hora hasta que pasaron un chico y una chica en bicicleta, que nos indicaron como llegar por esas calles dibujadas.

Nos acomodamos, descansamos un poco, y ahora si, a disfrutar de Cinqueterre.

Cinqueterre, como su nombre lo indica, es un parque nacional formado por cinco pueblos: Monterosso al Mare, Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore, salvo Corniglia, todos están colgados de la montaña y dan al mar. Monterosso es el único que tiene playas de arena, los otros terminan en piedras sobre el mar, es posible meterse pero no hay playa. En el otro extremo de Monterosso pero fuera de las Cinqueterre, se encuentra La Spezia y Porto Venere, que es de dónde parten los barcos que recorren la costa.

No es posible entrar a estos pueblos en auto, asi que la mejor opción es recorrer todo en tren que pasa por cada uno de los pueblos. Una buena manera es ir en tren conociendo cada pueblo y volver, mejor al atardecer, en barco por mar para tener otra perspectiva.

Como dije, alquilamos un departamento en Monterosso al Mare (Casa Andreanna, Homeaway, 389 euros, 4 noches), el alojamiento no es nada barato, muy buena la atención de Margherita, comunicada con nosotros en todo momento. Ese día lo aprovechamos para conocer el pueblo y disfrutar de la playa, las hay públicas y otras no tanto, donde para entrar debes alquilar sombrilla y reposeras.

Por la tarde subimos por el sendero que nos llevó hasta la Iglesia de los Capuchinos y desde donde se tienen una vistas espectaculares del pueblo, de la playa y del mar.

Al segundo día tomamos el tren y fuimos directamente hasta la Spezia, no porque quisiéramos, si no que tomamos el primero que vino que iba directo y decidimos volver recorriendo cada pueblo. Hay un boleto que puedes sacar por 10 euros y te sirve para subir y bajar en cada estación.

El tren te deja en el centro de la ciudad y debes caminar para llegar al puerto. La calle principal es la típica calle italiana con negocios, mesas frente a los bares, mucho ir y venir de gente. Siguiendo por esta calle encontramos un cartel que indicaba la calle que conducía al Castello di San Giorgio, desde donde se consiguen unas vistas espectaculares de La Spezia. El castillo data de la segunda mitad del Siglo XIV, hoy alberga varias salas con colecciones antiguas y reliquias desde antes de JC hasta los Siglos VI-VII.

Seguimos nuestro camino, después de tomar unas buenas fotos, y llegamos al puerto. Tiene un paseo para recorrer junto al mar observando las embarcaciones, pero no confundirse, este no es un pueblo, tiene mucha vida propia y mucho movimiento. Lugar elegido por muchos para hacer base y luego recorrer Cinqueterre.

Después tomamos el tren de vuelta, pero no sé que pasó, no nos fijamos bien el cartel y aparecimos en el tren que nos llevaba a Pisa, asi que nos bajamos en la primera estación y volvimos a La Spezia, ahora si tomamos el tren que correspondía.

La primera parada fue Manarola. No bajamos en Riomaggiore porque nuestra intención era recorrer caminando la Vía del Amore que une Manarola con Riomaggiore. Bueno, no fue posible, no hicimos más de 300 metros porque estaba cerrado por peligro de derrumbes, asi que nos tuvimos que conformar con lo que veíamos desde alli. Me olvidaba de decirles que las vistas desde el tren son espectaculares, si pueden ubíquense en los asientos que dan al mar.

Luego se atraviesa un túnel cavado en la montaña, decorado con pinturas de motivos marinos, decoraciones de mosaicos y venecitas, muy pintoresco, para salir al centro del pueblo. Para la izquierda se cruza hacia el mar y hacia la derecha se va por un sendero que nos lleva adentro del pueblo, por una calle serpenteante que va ganando la altura de la montaña. Sobre las laderas de las montañas se encuentran en terrazas propiamente dichas, los cultivos de las vides y de los olivos, con los que hacen el típico vino y el aceite de oliva, que los tienes en venta en todos los puestos de ventas de los pueblos.

Por un sendero que nace al costado de la calle principal, se sube a una de esas terrazas, hasta un desvío que nos lleva a un punto panorámico. Para llegar hasta aquí hay que subir unos escalones bastantes altos y tener buen estado físico, pero la compensación son unas vistas de la costa que te deja fascinado.

De ahí bajamos por la calle principal hasta la marina, una pequeña playa con rocas donde la gente aprovechaba para darse un baño. Tomamos por un sendero que salía al costado de la marina, de donde se tienen unas magníficas vistas. De alli volvimos a la estación para tomar el tren hasta nuestra próxima parada.

Llegamos a Vernazza. Por una cuestión de tiempo, evitamos Corniglia, el otro pueblo y el único que no da al mar. Con el mismo encanto de los pueblos de esa parte de la Liguria pero, para mi gusto, no tan encantador como Manarola. Siguiendo por la calle principal que baja hasta el mar, se encuentra una pequeña playa de arena oscura y las casas que terminan en la costa, entre formaciones rocosas. Hacia la derecha se encuentra la Iglesia de Santa Margarita de Antioquía, construída de piedra, con sus columnas talladas, es muy bonita y merece la pena entrar a conocerla.

Ya llegaba la noche y tomamos nuevamente el tren que nos llevó a Monterosso, donde se puede pasear por sus callecitas, tomar algo a la luz de las velas o comer en alguno de los tantos restaurants que hay en todo el pueblo. Mi recomendación es L’Ancora Della Tortuga que está ubicado en un lugar bellísimo desde donde se ve todo el mar, pero hay que ir con reservación porque no conseguimos lugar.

Al otro día, como era nuestro último día en la Liguria, nos esperaba la frutilla del postre, Portofino.

No está lejos de Cinqueterre, aproximadamente una hora, pero el viaje es complicado. Tomamos el tren a Rapallo, que había que hacer una combinación en Sestri Levante y llegamos a la estación de Rapallo. De ahí tomamos un bus que nos dejó en Santa Margherita, el tiempo suficiente para tomar unas fotos de los hermosos edificios, la playa y la costanera, si es posible quedarse unos días acá es altamente recomendable porque es hermoso.

Ahí tomamos un bus hasta Portofino, en unos 10 minutos, llegamos hasta la parada última donde se puede llegar con los autos, ya que de ahí en adelante es peatonal. Vas bajando por una callecita empedrada hasta el mar. Acá no hay playa, solamente una bajada para lanchas. Lo más espectacular de Portofino son las impresionantes mansiones que se pueden ver en el camino antes de llegar y los lujosos barcos anclados en la marina. Sobre uno de los laterales se puede observar el Museo del Parco, emplazado sobre un parque de 3 hectáreas construído a principios del siglo pasado por el Barón Mumm, que además de sus famosos viñedos, trajo especies arbóreas de todo el mundo y creo este espacio frente al mar y a la bahía de Portofino. En él se puede encontrar esculturas al aire libre de diferentes artistas, muchas de ellas es posible verlas desde la marina.

La magia de Portofino está dada por el enclave de la bahía rodeada de montañas donde es posible ver muchas de esas mansiones que mencioné antes, lleno de restaurants y bares a la orilla del mar y en la mayoría de ellos se ven fotos de personajes famosos que visitaron la villa. La vista es fabulosa, el mar azul, las típicas casas italianas de vistosos colores, las montañas arboladas, eso es Portofino.

Ya nuestra visita llegaba a su fin y también nuestra última noche en Cinqueterre, ya que al otro día nuestro camino seguía y partimos hacia Milán, pero eso es otra historia.

Como dije al principio, hay muchas historias y relatos de foreros sobre Cinqueterre, que a mi me sirvieron de mucho, para preparar este viaje, asi que les dejo este, a pesar de que pasaron varios meses desde que volví, pero al fin me pude sentar a escribir un poco. Para más información lo subí en el blog www.viajeroincurable.blogspot.com.ar y si tienen inquietudes también pueden preguntar.

Hasta siempre…!!!

Abel