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“Iglesia con encanto” 5 de 5 burbujas
Opinión sobre Iglesia de la Magdalena

Iglesia de la Magdalena
En el puesto nº 53 de 276 cosas que hacer en Sevilla
Certificado de excelencia
Más detalles de la atracción
Información sobre la atracción
Duración recomendada de la visita: <1 hora
Sevilla, España
Colaborador de nivel
20 opiniones
4 opiniones sobre atracciones
common_n_attraction_reviews_1bd8 14 votos útiles
“Iglesia con encanto”
5 de 5 burbujas Opinión escrita el 1 febrero 2012

Preciosa iglesia típica sevillana. Poco visitada. No imprescindible

Visitado el octubre de 2011
¿Útil?
Gracias, olvido70
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139 opiniones de viajeros

Calificación de los visitantes
    66
    56
    15
    1
    1
Fecha | Puntuación
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Badajoz, España
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17 opiniones
9 opiniones sobre atracciones
common_n_attraction_reviews_1bd8 4 votos útiles
“preciosa”
5 de 5 burbujas Opinión escrita el 30 enero 2012

Una iglesia muy bonita, me encantó. Cualquier momento es bueno para visitarla

Visitado el mayo de 2011
¿Útil?
Gracias, Rocio S
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sevilla
Colaborador de nivel
40 opiniones
27 opiniones sobre atracciones
common_n_attraction_reviews_1bd8 4 votos útiles
“la mas bonita”
5 de 5 burbujas Opinión escrita el 23 enero 2012

una de las iglesias mas bonitas de sevilla, arquitectura y obras que merecen la pena visitar

¿Útil?
Gracias, inmamvc
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España
Colaborador de nivel
184 opiniones
131 opiniones sobre atracciones
common_n_attraction_reviews_1bd8 100 votos útiles
“Una joya del Barroco”
5 de 5 burbujas Opinión escrita el 19 enero 2012

Una de las iglesias más sobresalientes de Sevilla y con muchos tesoros que pasan inadvertidos como La Virgen del Amparo.Las hermandades de El Calvario y de La Quinta Angustia tienen su sede aquí.

Visitado el noviembre de 2011
¿Útil?
Gracias, Manuel G
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Sevilla, España
Colaborador de nivel
25 opiniones
16 opiniones sobre atracciones
common_n_attraction_reviews_1bd8 30 votos útiles
“Un gran templo, en tamaño y contenido.”
4 de 5 burbujas Opinión escrita el 24 octubre 2011

Cuando Fernando III de Castilla entra en Sevilla en 1.248, tras prolongado asedio, divide la ciudad en 24 collaciones o parroquias, a las que añadió posteriormente la de santa Ana, en el arrabal de Triana.
Una de ellas, la collación de la Magdalena, quedó a cargo de los religiosos dominicos que asistieron a su ejército en la conquista de Sevilla, en terrenos cercanos al río, con abundantes huertas. En estos lugares se construyó la primera edificación religiosa de la parroquia, el convento de san Pablo.
Al parecer, la iglesia conventual era de estilo mudéjar similar a la de san Gil, santa Marina o santa Ana. Consta que en 1.350 fue prácticamente destruida por un incendio, reedificándose por el rey Pedro I. Este convento de dominicos de san Pablo, considerado en su época "convento más principal del Andaluzía", era la sede residencial del Padre Provincial de la Orden de Predicadores, así como de un renombrado centro de estudios teológicos y casa de noviciado. Al convertirse Sevilla en la puerta de entrada y salida del Nuevo Mundo, el noviciado de san Pablo llegó a ser el centro principal donde se formaban y consagraban a Cristo los frailes dominicos, que tan relevante papel desempeñaron en la evangelización del continente americano.
La primitiva iglesia gótico-mudéjar se hundió en 1.690, iniciándose al año siguiente la construcción del nuevo templo, encargándose la tarea al ya prestigioso Leonardo de Figueroa, figura clave del tránsito del barroco del XVII al XVIII. Las obras en el convento e iglesia de san Pablo se prolongaron hasta 1.724, en que fue consagrado el templo.
En 1.811, tras la destrucción del templo de la Magdalena a manos de ejército napoleónico, se traslada la sede de la parroquia al convento. Es en 1.838, tras la desamortización del convento y la iglesia, cuando los dominicos pierden definitivamente la propiedad, y la iglesia se adscribe directamente a la Diócesis. El conjunto de dependencias del convento los conservó el Estado (actuales dependencias anexas a la Delegación de Hacienda), o bien las enajenó (caso del Hotel Colón, construido sobre el magnífico claustro barroco derribado en 1.909 tras un voraz incendio).
El templo posee cuatro puertas, tres de las cuales dan a la calle San Pablo. Sin embargo, al contrario de lo que pueda parecer a primera vista, la portada que da a la calle Cristo del Calvario es la principal, ya que se encuentra a los pies de la cruz latina que de forma a la iglesia. Es la más interesante desde el punto de vista artístico, si bien se utiliza en contadas ocasiones como acceso. Está rematada por una magnifica espadaña realizada en 1.697 y restaurada en el siglo XX. Bajo la misma se encuentra un gran óculo rodeado por pequeñas esferas de color azul que simbolizan los misterios del Rosario. A ambos lados, sendos relojes de sol. Sobre la portada se sitúa una escultura de Santo Tomás de Aquino.
En esta fachada se pueden admirar igualmente dos retablos cerámicos, que representan imágenes que se veneran en el interior del templo: el Cristo del Calvario y Nuestra Señora del Amparo.
Ya en la calle san Pablo, nos situamos ante la portada del lado derecho, que comunica con el crucero. En ella se encuentra una escultura de santo Domingo de Guzmán atribuida a Pedro Roldán. En el conjunto aparecen los símbolos habituales que se representan junto al Santo: perros con antorchas, lilas blancas, cruz patriarcal y estrellas.
La segunda puerta, más grande y utilizada normalmente para acceder a la iglesia, esta flanqueada por pilastras sobre las que se levanta un arco de medio punto, adornado con motivos vegetales y caritas de querubines, con dos jarrones sobre el tímpano. Es la primitiva puerta mudéjar del templo, que fue remodelada en el siglo XVII.
La tercera, menos interesante desde el punto de vista artístico, está chapada en metal claveteado y ostenta los escudos de la Hermandad.
La estructura de la iglesia, de cruz latina, respeta la del primitivo templo gótico, sobre el que se reconstruyó. Consta de tres naves longitudinales, una transversal, varias capillas y el presbiterio.
En la nave central, destaca la cúpula octogonal, que se remata con una linterna, estando decorada en la parte exterior con figuras escultóricas que representan indígenas americanos, los cuales simbolizan el importante significado que tuvo la Casa Madre dominica para los territorios de ultramar de la corona española. Todo el conjunto está rematado por una corona real de hierro forjado. En el interior, las pechinas están decoradas con relieves de madera policromada con escenas del Antiguo Testamento, sostenidas por el águila y el león alado (símbolos de los evangelistas san Juan y san Marcos) que se deben al taller de Pedro Roldán: las pinturas de ángeles y arcángeles que cubren el interior de la cúpula, y el simbólico sol del interior de la linterna, se deben a Lucas Valdés.
El Retablo Mayor es un hermoso ejemplo de talla barroca, fechable en las primeras décadas del XVIII. Consta de banco, dos cuerpos superiores de tres calles compartimentadas por columnas salomónicas, y ático. En la calle central (y de abajo arriba) encontramos en primer lugar el tabernáculo, con una hermosa Inmaculada de pequeño tamaño, procedente del Virreinato de la Nueva España (México), del siglo XVIII. Sobre ella, escultura de la Magdalena (la titular), obra de Felipe Malo de Molina de 1.704, y que presidió la primitiva iglesia de la misma advocación. Más arriba se encuentra la escultura de san Pablo, anterior titular del templo dominico, que cedió su hornacina a la Magdalena.
En los laterales del presbiterio existen dos portadas de mármoles rojos rematados por hornacinas que representan la Esperanza (derecha) y la Caridad (izquierda). La bóveda de la Capilla Mayor se dedica al Triunfo de la Fe, siendo pintada por Lucas Valdés: aparece la imagen de la Fe, rodeada de medallones que representan los cuatro continentes entonces conocidos: Europa, Asia, África y América. Completan el presbiterio dos enormes lienzos originales del sevillano Matías de Arteaga y Alfaro (siglo XVIII), que representan a David danzando ante el Arca de la Alianza y El pueblo israelita haciendo la ofrenda en el Templo de Jerusalén, también llamado La ofrenda de los panes por Melquisedec.
La nave del crucero presenta unas tribunas de madera profusamente tallada y dorada. Sobre ellas lucen dos pinturas al fresco de Lucas Valdés: El suplicio de Diego Duro en el lado de la Epístola y La entrada de San Fernando en Sevilla, en el del Evangelio. Tanto las pilastras como los arcos que sostienen la iglesia, así como los paños intermedios, están decorados con abundantes pinturas al fresco que representan a los Evangelistas y a diversos santos y beatos relacionados con la Orden, así como con motivos vegetales y guirnaldas.
Procedamos ahora a recorrer las naves laterales del templo. Si regresamos sobre nuestros pasos y nos colocamos en la habitual puerta de entrada (calle san Pablo), en el mismo distribuidor, a nuestra izquierda, observaremos la Capilla del Dulce Nombre de Jesús o de la Quinta Angustia.
Su distribución actual es el resultado de la unión de tres antiguas capillas, de Medina, de Rosales y de Gómez de Espinosa, cerrándose a continuación su comunicación con la nave principal. Es una capilla tan grande que se puede considerar como una iglesia dentro de otra iglesia. Consta de una planta rectangular, dividida en dos tramos, y presbiterio, cubierto todo por tres bóvedas ochavadas decoradas con lacerías que datan de alrededor de 1.400; restos, por tanto, del primitivo templo mudéjar. El zócalo de azulejo que recorre toda la parte inferior de la capilla fue realizado por Cayetano Sánchez y Pineda.
Está presidida por el misterio titular de la Hermandad, el Señor del Descendimiento, atribuido a Pedro Roldán sobre 1.660. El Misterio (los Santos Varones, las Santas Mujeres y san Juan Evangelista) son de Pedro Nieto Montañés (1.633). La Santísima Virgen es obra moderna de Vicente Rodríguez Caso, de 1.933.
Se veneran asimismo un Cristo Resucitado y la imagen del Dulce Nombre de Jesús, que procesiona en el Corpus, ambas obras de Jerónimo Hernández, junto a unos magníficos ángeles. Igualmente alberga una serie de óleos de Valdés Leal realizada para el Retablo Mayor de la desaparecida iglesia de san Benito de Calatrava, que hoy cobija la Capilla: el Calvario, la Inmaculada, san Miguel, san Antonio Abad, san Antonio de Padua, san Juan Bautista, san Andrés, santa Catalina y san Sebastián.
La Capilla está cerrada para las visitas mediante una reja, por lo que entramos en la nave principal y giramos a la izquierda, en dirección al Coro. Recorreremos la nave de la Epístola desde los pies al presbiterio.
Llegamos hasta el espacioso y oscuro sotocoro, cerrado también mediante reja, que perdió su sillería original, y guarda en dos ornamentadas hornacinas imágenes de Nuestra Señora del Rosario y de santo Domingo de Guzmán, patronos de la Orden de Predicadores, vulgo dominicos.
Nuestra primera parada fotográfica en esta nave es la Capilla Bautismal, en cuya pila se cristianó el uno de enero de 1.618 el gran pintor sevillano Bartolomé Esteban Murillo. En esta capilla se sitúa actualmente el Cristo de Confalón o Gonfalón, cuya autoría se relaciona con Nicolás de León en el siglo XVI y que antes residía en la sacristía.
Junto a la Capilla, ya mirando hacia el presbiterio, vemos a nuestra derecha el retablo de Santa Rita de Casia, del siglo XVIII, con La liberación de san Pedro en el ático.
A continuación encontramos un relieve del siglo XVIII, enmarcado por yeserías doradas, que representa La Aparición de la Virgen a San Cayetano.
Pasando delante de la puerta de entrada, seguimos adelante y, si miramos hacia la parte superior del muro, veremos un fresco, también enmarcado con yeserías doradas: La Virgen del Rosario protegiendo las naves españolas en la Batalla de Lepanto, obra de Lucas Valdés. Sobre una nube podemos ver a la Virgen del Rosario que según la tradición intercedió el 7 de octubre de 1.571 para que las tropas cristianas lograran la victoria tras la oración del Papa Pío V.
A continuación encontramos la Capilla Sacramental. En la pared frontal a la entrada nos muestra en una vitrina (lástima de los reflejos en el vidrio) que contiene la magnífica Custodia Procesional de 2,25 metros de altura iniciada por Cristóbal Sánchez de la Rosa en 1.678, continuada por Juan Laureano de Pina y rematada por Blas Amat y Cortés en 1.790. Esta custodia es propiedad de la hermandad Sacramental de la Parroquia.
En el camarín de su retablo neoclásico, podremos admirar una bellísima Inmaculada de mediados del siglo XVIII, flanqueada por los arcángeles san Miguel y san Rafael, atribuidas las tres obras a Pedro Duque Cornejo.
En el mismo muro de la entrada, a la derecha según se entra, dos grandes joyas pictóricas de Zurbarán: La Curación milagrosa del Beato Reginaldo de Orlèans por intervención de la Virgen y La entrega milagrosa del verdadero retrato de Santo Domingo en el monasterio de Soriano.
Salimos de la Capilla Sacramental y, justo antes de llegar al brazo del crucero encontramos una de las más valiosas obras escultóricas de la Parroquia. Se trata de un retablo con el relieve de la Asunción de la Santísima Virgen, de Juan de Mesa en 1.619.
Llegamos ya al brazo de la Epístola del crucero. A nuestra derecha, un retablo barroco (primer cuarto del XVIII), que cobija en la actualidad una imagen moderna del Sagrado Corazón de Jesús. En el ático luce una escultura de santo Tomás de Aquino.
Junto a este retablo se encuentra el de san José, al lado del cual vemos el cajón de la puerta exterior que lucía la escultura de santo Domingo de Guzmán, junto al cual se exhibe para su veneración una imagen de vestir de la Virgen del Carmen.
Giramos noventa grados a nuestra izquierda y ya vemos las dos últimas capillas de esta nave de la Epístola. En primer lugar está la Capilla de san Antonio; la hornacina central del retablo cobija una talla del titular del siglo XVIII. Tiene a los lados esculturas de la Virgen Dolorosa y san Juan, ambas del mismo siglo. En el ático hay un relieve de La Estigmatización de santa Catalina de Siena (se debe a que este altar estaba anteriormente consagrado a dicha santa). Hay una cabeza de un Cristo en la parte inferior del retablo de la escuela de Ruiz Gijón.
La última de la Epístola es la Capilla del Santísimo Cristo del Calvario, dedicada originariamente a santo Domingo de Guzmán. El espectacular crucificado de Francisco de Ocampo, fechado en 1.612, recibe el culto junto a la bellísima Dolorosa de la Presentación y san Juan Bautista, obras ambas de Juan de Astorga en el siglo XIX. En el ático vemos un relieve de La Entrega del Rosario a santo Domingo y santa Catalina de Siena, del siglo XVIII. Entre ambas capillas se muestra hornacina con una imagen de santa Mónica atribuida a Pedro Roldán.
Ahora realizaremos el mismo recorrido, pero por la nave del Evangelio. Para ello, retrocedemos hasta el sotocoro (al que no se puede acceder y en el que se sitúan los pasos de la Hermandad del Calvario), cruzamos la nave central y, bajo el inmenso Coro, veremos la Capilla de Nuestra Señora del Rosario. En el centro se venera efigie de vestir de la Virgen del Rosario, obra de finales del siglo XVIII, de Cristóbal Ramos, que fue la titular de la primera hermandad rosariana de san Pablo.
Seguidamente hay un altar barroco presidido por una pequeña Inmaculada, acompañada por dos frailes dominicos de los que no he podido obtener información. Hay que señalar que este espacio estaba ocupado antiguamente por el Nazareno de las Fatigas, que ahora se ha situado en la parte del Evangelio del crucero.
A continuación el Altar de Ánimas, que en realidad es un retablo-marco con un lienzo de las Ánimas del Purgatorio de mediados del siglo XIX.
El retablo de Nuestra Señora del Buen Consejo es un relieve moderno colocado en un retablo barroco, en el que aparece la Virgen con el Niño de medio cuerpo, escoltados por dos tallas meritorias barrocas de santa Bárbara y santa Catalina. Después encontramos dos lienzos, uno con El Éxtasis de Santa Teresa y otro con La Piedad, ambos del XVII.
Ya en el lado del Evangelio del Crucero vemos el nuevo emplazamiento del Nazareno de las Fatigas, que se ha colocado sobre el retablo tallado con imágenes de la vida de san Pablo que se situaba antes en la Capilla de la Milagrosa. Fue tallado por Gaspar de Ávila en 1.586 y restaurado muy a fondo (incluso con manos y pies nuevos) por Francisco Berlanga de Ávila, bajo la asesoría del Doctor en Historia del Arte José Roda Peña en el año 2.010. A los lados, imágenes de santo Tomás de Aquino y san Vicente Ferrer, tallas del XVIII.
A ambos lados de la puerta que comunica con la Sacristía encontramos dos retablos del primer cuarto del XVIII. En el primero se encuentra la bellísima Virgen de las Fiebres, obra de Juan Bautista Vázquez,el Viejo de 1.565. A esta Virgen pedían protección las mujeres de la época contra las calenturas del post-parto, causa por aquel entonces de la gran mortandad femenina. También afirma la leyenda que, estando Pedro I gravemente enfermo, su madre, María de Portugal se encomendó a esta Virgen (en realidad a la primitiva, que quedó destruida a causa de un derrumbe), prometiéndole una estatua de su hijo orante realizada en plata; como el rey curó, tanto él como su madre cumplieron la promesa y donaron la mencionada obra para que se colocara a los pies de la Virgen. Desgraciadamente, la victoria de Enrique de Trastámara desaconsejó mantener la efigie en su lugar, desapareciendo sin que a partir de entonces se haya tenido noticias de ella.
Al otro lado de la puerta de la sacristía hay un grupo escultórico que representa a San Joaquín y Santa Ana dando lecciones a la Virgen, vinculable a Francisco Ruiz Gijón, en la segunda mitad del siglo XVII. Aclarar que la desproporción entre las imágenes de los sagrados abuelos se debe a su procedencia: ocupaban altares distintos en la primitiva Iglesia de la Magdalena.
Entre los dos altares anteriores, la entrada a la Sacristía nos permite ver el Cristo del Perdón, un crucificado del siglo XVII, que al parecer perteneció a la antigua Parroquia de la Magdalena. La iglesia no conserva ningún tipo de documentación sobre la imagen.
La Capilla de la Milagrosa, antes dedicada a san Pablo, se cierra con una reja fechada en 1.723. En su interior alberga en la actualidad la imagen de la Virgen de la Antigua, dolorosa de talla completa al estilo granadino, ejecutada entre 1.650 y 1.651 por Pedro Roldán. La Virgen llama la atención por lo inusual de su representación en Sevilla, pues no es de vestir, y se acerca más a la estética castellana. Aparece arrodillada, con la mirada hacia arriba y las manos entrelazadas, aparte de no ser de tamaño natural. Fue titular de una rica y floreciente Cofradía hasta el siglo XVIII, siendo una de las imágenes marianas de devoción más extendida en la Sevilla barroca.
En la pared frontal del crucero del Evangelio aparecen en su parte superior, y dentro de hornacinas, esculturas de san Gregorio y san Agustín, obras de Pedro Roldán. En la zona intermedia un gran fresco de Lucas Valdés, como comentaba anteriormente, que representa La Entrada de Fernando III en Sevilla.
La hornacina siguiente se dedica a Santa Rosa de Lima, imagen barroca de candelero que representa con candor a la santa americana. Junto a la anterior, encontramos finalmente la Capilla de la Virgen del Amparo, cerrada por medio de una reja del primer cuarto del siglo XVIII. El retablo es de estilo salomónico de esa misma época, y en sus calles laterales se muestran imágenes de san Gabriel (o san Miguel) y san José, san Joaquín y santa Ana. La imagen de Nuestra Señora del Amparo, obra del flamenco Roque Balduque, preside desde el camarín la Parroquia y la feligresía, de la que es Patrona.
Y tras este recorrido podemos dar por concluida la visita a la tercera mayor iglesia de Sevilla.

Visitado el julio de 2011
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3 Gracias, jobegosl
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